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Cinco razones por las cuales su planificación estratégica puede resultar un ejercicio inútil y llevarles a la perdición

Cinco razones por las cuales su planificación estratégica puede resultar un ejercicio inútil

Llegar a la perdición significa literalmente “sentirse perdido” y si no somos rigurosos a la hora de construir nuestro futuro podemos caer literalmente en ese nefasto estado.

Con el correr de los años y a propósito de nuestra experiencia como Consultores en transformaciones organizacionales, hemos visto en infinidad de oportunidades como nuestros clientes y amigos se quejan de la “inefectividad”  de los ejercicios estratégicos que abordan al interior de sus compañías, llegando al final de los períodos planificados con un nivel de desviación que muchas veces pone en serio peligro incluso, la sobrevivencia de las compañías.

De nuestra experiencia ayudando a cientos de compañías grandes y medianas en estos propósitos, es que entregamos en este post algunas claves que disminuirán la probabilidad de abordar procesos inútiles con el consiguiente gasto de recursos tanto en los costos directos de un proceso, como en los inconmensurables costos de oportunidad que estos errores conllevan.

1.- CONCEBIR EL PROCESO DE PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA COMO UN FIN Y NO COMO UN MEDIO.

Se debe en lo posible abordar este proceso con modelos simples y de rápida ejecución de tal forma de no perder de vista que lo importante es lograr el plan y no generar una tesis académica que nos lleve finalmente a desenfocarnos de lo relevante.

Hemos visto en múltiples oportunidades, procesos que son abordados con el apoyo de consultores “expertos”, verdaderos “iniciados” que han hecho de estos ejercicios verdaderos trabajos de doctorados, en donde la organización se entrampa en procesos interminables  y altamente costosos.

2.- APOYARSE CON CONSULTORES SIN EXPERIENCIA EN LA EJECUCIÓN DE LOS PLANES.

Por alguna extraña razón tenemos la tendencia a pensar que las los académicos son los mejores proveedor de los servicios de apoyo para estos procesos. No siempre es así. Hemos visto en innumerables oportunidades consultores que su única experiencia es solamente la de las aulas y no tienen las competencias para apoyar en el proceso mas complejo de este proceso cual es, el de acompañar en la bajada de los planes a la realidad concreta de la operación de una compañía. Al decir de un viejo amigo; “no han bajado nunca a las calderas”

3.- SER POCO RIGUROSO EN EL LENGUAJE UTILIZADO PARA DESCRIBIR Y DISTINGUIR VISIONES, FOCOS OBJETIVOS, METAS Y TAREAS.

Es muy común confundir objetivos con tareas o con los focos estratégicos. Cuando esto ocurre, se pierde la energía del esfuerzo concentrado para ser precisos finalmente en la consecución de los propósitos. Por otra parte plantear de manera poco precisa los objetivos nos lleva a caminos indeseados y a resultados inesperados. La precisión y la claridad mental que el buen uso de estas distinciones genera, es una llave poderosa para lograr nuestros objetivos y construir el futuro con la precisión de un joyero.

4.- PLANTEAR OBJETIVOS A PARTIR DEL FODA Y NO DE LOS FOCOS ESTRATÉGICOS.

La clásica mirada del FODA puede ser un aporte importante a la hora de mirar una organización pero no es un buen punto de partida, a nuestro juicio, a la hora de construir futuro. El centrarse en este modelo solamente, nos puede hacer perder de vista que la pregunta  fundamental a final de cuentas es “hacia donde vamos como organización y como llegaremos al destino”. Los objetivos derivados desde los focos nos permiten mantener la mirada en el futuro, en la visión y no perdernos. El FODA puede alimentar de manera valiosa el proceso pero no ser el eje central del proceso creativo.

5.- DISEÑAR UN PLAN CUANDO EN EL FONDO DE NUESTROS CORAZONES, NO LO CREEMOS POSIBLE.

No se imaginan mis amigos la inmensa cantidad de veces que hemos sido testigos de la declaración de objetivos que ni siquiera los propios gestores de ellos, no se lo creen.

No se imaginan la cantidad de veces que he visto en compañías mineras declarar aquello del “cero daño” pero, en las conversaciones de pasillo con los directivos generadores de esos planes, ellos mismos declaran no creer finalmente en lo que ellos mismos declaran como valor o como objetivo. No hay peor plan que aquel que se realiza sin convicción. El diseño de un plan debe ir acompañado de un nivel de certeza tal que, esa convicción se transforme en pasión al hablar, en la corporalidad, en la comunicación no verbal, etc. No hay peor destino trazado que aquel que se dibuja con la tinta de la duda.

Espero que estas ideas, sean de ayuda para sus procesos y que la claridad mental, la convicción y la determinación sean vuestros compañeros de ruta en este año que se inicia.

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